Clientes
Clientes para los que construí una marca desde cero, y otros a los que hubo que devolverles la cara. Acá entran los logotipos, los sistemas de color y tipografía, el naming cuando hace falta, y todo lo que después sostiene una identidad.
Hay estudios de arquitectura, farmacias de barrio, bodegas familiares y alguna startup que cambió de nombre dos veces antes de encontrar el suyo. El criterio fue siempre el mismo: que la pieza aguante el uso diario, la fotocopia mal impresa y la pantalla de un teléfono viejo.